Capítulo 109.
—Mamá… Mamá…
Abro los ojos con esa dulce voz, viendo a mi pequeño Andrei, cuando tenía unos 5 o 6 años, sosteniendo un libro de niños para colorear, el cual tenía imágenes de diversas flores en sus ilustraciones.
—Mamá te quedaste dormida —reclama Andrei, haciéndome sonreír.
—Lo siento mi pequeño, mamá está un poco cansada, ¿Terminaste de colorear tus flores?
—Sí, coloree todas.
—Déjame ver… —digo mientras tomo el pequeño libro de sus manos.
Andrei no era un chico valiente, pero sí muy curioso,