Daniel se encontraba ansioso de poder llevar su plan sorpresa lo más rápido posible. Sus manos al igual que su sangre ardían por sentir a su esposa piel con piel. Sabía de la fuerza del deseo, de la lujuria y el placer del acto sexual. Sin embargo, desde que ella se metiera en su cabeza y en su corazón, no anhelaba más nada que amarla, su cuerpo y sus deseos primitivos no respondían ante cualquier cuerpo de mujer. Solo ella lo tentaba con esa intensidad que lo esclavizaba.
—Mientras vas haciend