La piel de Juan Andrés se erizó por completo, sintió que un escalofrío recorría su columna, miró a Sergio con los ojos bien abiertos, palideció por completo.
—¡Tiene que ser una broma!
—¡No lo es! —exclamó. —¿Se te olvidó que en el pasado te confesé mis sentimientos? —vociferó agitado—, y te reíste, te burlaste de lo que yo sentía por ti —gruñó agitando los brazos.
Juan Andrés se llevó las manos al cabello, resopló.
—Yo tenía catorce años, pensé que era un chiste, que estabas bromeando conmi