Mi corazón se llenó de ira. Sabía que estos mafiosos eran personas crueles, sin corazón, pero acabar con las vidas de las personas nada más porque no comparten tu opinión, por un pensamiento tan retrógrada, por el simple hecho de no darle a una mujer un cargo de jefe, el cual le pertenece, para mí, eso era ir lejos.
— ¡¿Qué tiene ese hombre en contra de las mujeres?!. — Expresé con desprecio. — Seguro que para su buena suerte no tuvo una hija.
— De hecho, en términos legales, él no tuvo hijos.