—¡Ya te dije que me dejes en paz!
¡CRASH!
Un florero que había estado en la mesa junto a Liliana se estrelló en la pared después de que Héctor lo esquivara.
—¡Me importa un carajo lo que quieras! ¡No vas a salir así, como así!
Liliana estaba tan furiosa que apretaba los puños y dientes llena de rabia. Desde ese día, Héctor no se había ido un segundo, y cuando entraba al baño, Herminia se quedaba con ella sin dejarla hacer absolutamente nada.
Ya habían pasado cerca de tres semanas y él no parecía