LV En la oscuridad

Luka llegó a la casa de la viña antes que Florencia. Entre la constatación de lesiones, declarar ante la policía, el cansancio y la preocupación de Francesco, ella aceptó ir a su casa y dejarse consentir por él. Después de todo, su hija estaba siendo cuidada por Ana, una excelente muchacha.

—Debería secuestrarte y no dejarte salir de aquí nunca más —dijo Francesco, quitándole con delicadeza las zapatillas.

Hasta los cordones los tenía manchados con sangre.

—Yo iba a secuestrarte primero y a encerrarte en la bodega de vinos. Allí nadie oiría tus gritos.

—Ya tuviste suficiente violencia por hoy, deja de tener ideas criminales. —Francesco se desvistió mientras ella hacía lo propio.

—¿Acaso te asusta la idea?

Florencia no lo asustaba, pero luego de ver cómo había dejado a esa mujer, ciertamente no haría nada que la enfadara. Ese ánimo rabioso tan propenso a la histeria era muy poco atractivo para él, que era tan relajado. Por eso la necesitaba a su lado, porque con él cerca ella era su
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