Salgo de mi habitación aún con un poco de flojera pero mi estómago me pide a gritos alimento, se me antoja un café con mucha azúcar. Llego a la cocina y veo a Nana secando trastes y guardándolos en su lugar.
— Buenos días nana— Me acerco a ella y beso su mejilla.
— Buenos días mi niña Hannah ¿cómo amaneciste?
— Muy bien nana— Si supiera lo que pasó ayer… no pienso preocuparla. El teléfono de la casa empieza a sonar, le digo a Nana un “yo voy", mientras corro a la sala y contesto.
— ¿Diga?
—B