Antes de que Sandro pudiese responderle a su amada Eliza alguien le habló, este se entretuvo por un momento sin darse cuenta de que la niña ya había desaparecido.
— Joven Sandro, antes de que se vaya, no quiero ser parte de la infelicidad de esa pequeña. Quiero que sepa, que la señorita Sofía