El silencio se hizo pesado e incómodo, las miradas iban de Denzel a la puerta del jardín, alternativamente. Algunas expresiones entendidas aparecieron, ojos decepcionados juzgaron al hombre que, sin poder ocultarlo, tenía una expresión desencajada en su rostro.
―Tengo casi noventa años ―rompió el silencio la voz de la abuela Roxanne―. En mi última visita al doctor me dijeron que estoy más sana que una lechuga: no tengo párkinson, ni demencia senil, ni alzhéimer… ―Miró a su nieto que continuaba