Punto de vista de Miriam
Incluso con el alcohol adormeciendo mis sentidos, sabía muy bien que no debía beber con este demonio. No estaba cómoda. Si acaso… estaba asustada. Porque con Henry… Jamás salía nada bueno de estar a solas con él.
—¿La doncella en apuros? —preguntó Henry, luciendo esa sonrisa traviesa y familiar.
—Incluso si necesitara ayuda —contesté de golpe—, serías la última persona a la que llamaría.
Agarré mi vaso y lo vacié de un solo trago largo.
—Vaya… —se rió. Cálmate, tigresa.