Cuando sus miradas se cruzaron, el asesino bajó la cabeza y escupió una bocanada de sangre.
Marcus levantó la mano, indicando a Gavin y Melvin que se detuvieran. El culpable apenas era reconocible tras la paliza, y los dos guardaespaldas estaban exhaustos. En especial Melvin, que se especializaba en piratería digital y no tenía la resistencia física de Gavin.
—¿Estás listo para decir la verdad ahora? —preguntó Marcus, su tono profundamente aterrador.
—S—sí... Estoy listo. Por favor, perdóname l