Dan suspiró:
—Olvídalo, ya estás casada, así que no tiene sentido seguir hablando. Me voy, estaré ocupado.
—Dan, espera un momento —llamó Rubí.
—¿Qué pasa? —preguntó Dan con curiosidad.
—Gracias por tu arduo trabajo —dijo Rubí con una dulce sonrisa.
—¿Por qué tan formal? —preguntó Dan, sospechando algo.
Rubí rió:
—Se me ocurren las ideas, pero siempre eres tú quien las ejecuta y eso es mucho trabajo. Cuando llegue el momento, tendrás que tomar más dividendos.
—Está bien, qué pesada eres —dijo D