Después de colgar, Sabrina, viendo las cejas fruncidas de Rubí, preguntó ansiosa:
—Rubí, ¿qué pasó? ¿Qué te dijo?—
Rubí, pálida, respondió con voz pesada:
—Mamá, Marcus ya sabe que fue Leonardo quien me empujó.—
—¿Ya se enteró?— El rostro de Sabrina se oscureció al instante.
Sus ojos ardían de preocupación cuando preguntó:
—Rubí, ¿qué vamos a hacer?—
—Mamá, yo tampoco sé qué hacer. Él viene ahora mismo.
Mamá, Emily, vete a casa primero —pidió Rubí.
Sabrina estaba preocupada y preguntó con ansiedad:
—Rubí, ¿cómo puedo dejarte aquí sola? ¿Qué pasará si ustedes dos se pelean?—
Rubí suspiró y respondió:
—Mamá, no te preocupes. No pelearemos. Después de todo, es culpa de la familia York. No discutiré con él. Mientras él no se pelee conmigo, todo estará bien.—
—Rubí, estoy preocupada. No puedo dejarte sola. Si algo te pasa, ¿qué haré? —Sabrina no podía sentirse tranquila al irse.
Rubí la miró y sonrió con amargura para tranquilizarla:
—Mamá, no te preocupes. Marcus es mi esposo. Cualquiera