Rubí lo miró sorprendida.
—¿Cómo puedes decir eso?
Marcus soltó una risa breve y amarga.
—¿Por qué no? Si alguien desprecia a mi esposa y a mi hijo, no merece mi respeto, ni siquiera si se trata de mi propio padre.
Rubí ya no insistió. Sabía que pronto lo comprobaría por sí misma al regresar a la mansión. Sin embargo, no pudo evitar pensar que quizás Dereck no valoraba demasiado a su nieto simplemente por su origen. Tal vez, para él, ella era solo una mujer de posición inferior que Marcus podía