—Señorita Gibson, no es necesario que me consuele. Hay cosas de las que nunca se puede soltar la mano. El dolor también es una experiencia de vida. Prefiero cargarlo que olvidarlo.
Rubí quedó sorprendida por la firmeza de aquellas palabras. Suspiró y asintió con respeto.
—Lo que dice… tiene razón.
Entonces, de pronto, un pensamiento cruzó su mente. La observó con curiosidad y preguntó:
—Pero… ¿cómo sabe que me apellido Gibson?
La señora señaló la lápida.
—El nombre del hijo que aparece arriba d