Marcus y Rubí volvieron en sí de inmediato. Giraron la cabeza y vieron a Dylan, quien había aparecido en silencio junto a la cama. Estaba allí de pie, al pie del colchón, con los ojos llenos de lágrimas y haciendo pucheros.
—Dylan, ¿qué haces aquí? Ven, déjame darte un abrazo —dijo Rubí con una sonrisa mientras se incorporaba.
—¡Hmph! ¡Papi duerme con mami y yo tengo que dormir solo! ¡Eso no es justo! —protestó Dylan, cruzándose de brazos con evidente disgusto.
—¿Eh...? —Rubí se quedó sin palab