El lunes llegó con fuerza y con el dolor de cabeza provocado por la única pregunta que llevaba rondando la mente de Daniela;
¿Cómo demonios iba a reunir cien mil dólares en cuatro días?
Gimiendo, se obligó a salir de la cama—rompiendo su mirada fija de cinco minutos en el techo—y se arrastró hasta e