Pero Alejandro no aflojó su agarre.
Si acaso, lo apretó más.
Para el quinto golpe, los brazos de Bruno habían dejado de luchar.
Daniela ya no podía ver claramente el rostro del hombre, solo la mancha roja de sangre en los nudillos de Alejandro cuando su puño volvió a levantarse.
El alivio que Daniel