Más tarde esa noche, Daniela yacía despierta en la cama, mirando en silencio el techo.
La habitación estaba tenue, iluminada solo por el débil resplandor de la lámpara de la mesita. A su lado, Sebastián dormía profundamente, su pequeño cuerpo ligeramente acurrucado bajo la manta, una mano descansand