Alejandro la miró con curiosidad.
“¿Qué tiene de gracioso?”
Daniela negó con la cabeza, todavía sonriendo ligeramente mientras miraba el documento.
“Mi abuela,” dijo. “Siempre fue una romántica empedernida.”
Golpeó suavemente la línea con el dedo.
“Solo a ella se le ocurriría poner algo así en un te