Por un segundo, el cuerpo de Daniela se tensó.
Sus ojos parpadearon, amenazando con abrirse por la sorpresa.
Su corazón—traicionero y ruidoso—comenzó a latir con fuerza contra sus costillas, cada latido resonando en sus oídos. Estaba casi segura de que Adriel podía oírlo.
¿Lo sabía?
El pensamiento c