La observé unos segundos. Parecía descansada, aunque hablaba más deprisa de lo habitual, probablemente por el café o por el esfuerzo de demostrar que no volvería a llegar tarde.
—Tengo que viajar a Berlín hoy —le informé—. Estaré fuera uno o dos días.
Su expresión cambió de inmediato y dejó las bromas a un lado. —¿Ha ocurrido algo grave?
—Un problema en la sede. Mientras esté fuera, su horario será el mismo, pero es posible que necesite que se quede un poco más por la tarde. El conductor