La cena comenzó con una discusión sobre el sistema de puntos y terminó, como casi todas las conversaciones con mis hijos, en un intento de convertir una norma sencilla en un acuerdo internacional. Liam quería que el fútbol contara como una tarea porque, según él, requería esfuerzo físico. Oliver sostenía que practicar piano debía valer el doble por el sufrimiento emocional que le causaba, y Chloe defendía que cantar frente a los demás merecía un punto adicional por valentía.
Los escuché mientr