34 - Perdóname.
ROMAN.
La sala de espera del hospital se había convertido en mi propio purgatorio personal. El tiempo parecía estirarse hasta el infinito, cada minuto que pasaba sin noticias de ella aumentaba mi ansiedad hasta límites insoportables. Mis manos temblaban ligeramente mientras esperaba, aferrándome al frío metal de la silla como si fuera mi única conexión con la realidad.
El zumbido constante de la actividad a mi alrededor solo servía para aumentar mi sensación de impotencia. Los médicos y enferm