Capítulo dieciséis. Bochornos de vieja
Rosa María
Abro los ojos y mi zorra interna quiere saltarle encima para comérselo porque tiene unos labios perfectos y gruesos, carnosos y provocativos, pero es el amor de mi Amix ¿Amix? ¡ay Dios no puedo! Me remuevo entre sus brazos y se sorprende, al parecer pierde algo de equilibrio porque me aprieta fuerte hacia él y carga con mi cuerpo hasta bajar al pavimento, me siento en el cielo con el azul precioso de sus ojazos, pero debo zafarme; siente mi reticencia y deposita mi humanidad en el pis