Capítulo cuarenta cuatro. Miedo incontrolable
Rosa María
¡Mi vida es miserable!
Dejé ir a ese buenorro y bueno, al parecer fue lo mejor, mi zorra interna golpea mi cara una vez más llamándome tonta por aceptar que se fuera. Él dice una realidad, si lo hacemos no podremos concentrarnos en trabajar el caso, pero si no lo hacemos entonces siempre estamos pensando en eso ya que la tensión sexual entre nosotros se puede cortar con un cuchillo sin filo. No puedo dormir y no tengo a mano mi Amigo A Pilas. Mañana me preocuparé por eso, por ahora