A varios miles de kilómetros de Oakwood Lane, en los bosques de Fangvale, una manada de hombres lobo se movía entre los árboles con destreza y sigilo.
La manada “aullido de luna” disfrutaba cazar de los humanos desprevenidos que tenían la mala suerte de perderse en ese laberinto de árboles y enredaderas. Para cualquiera de esas pobres almas que tenían la desdicha de desorientarse en el mar de pinos verdes de Fangvale, el lugar era un sitio aterrador.
Los exploradores más osados lo sabían, sin