Derek se deslizó con cuidado entre las sábanas de la cama, sintiendo la suavidad de las telas acariciar su piel al recostarse junto a la castaña esa noche. Mía, precavida, aseguró la puerta, sabedora de las costumbres de su madre, y se acurrucó a su lado. A pesar de la gélida noche, el calor que emanaba del cuerpo de Derek la abrazaba, proporcionándole una agradable sensación de calidez.
Aquella era la primera vez que compartían el sueño juntos, en el sentido más literal de la palabra, y ella s