Capítulo 42. Un buen hombre, pero terrible como Alfa
Leonid corrió siguiendo el rastro de Aisha, el efluvio le indicaba que se había metido en una cueva.
Leonid se encorvó para entrar y avanzó de rodillas.
Aisha estaba sentada metida entre las rocas bastante atrapada, tapaba su rostro y lloraba amargamente.
—Aisha, no les prestes atención, soy su Alfa, ellos deben aceptarte porque yo lo digo, además, nuestro vínculo nos los otorgó la diosa.
—Te pidieron rechazarme ¿cierto? Te lo advertí.
—Tú eres más importante para mí que ell