Capítulo 34. No permitas que nos abandone
Leonid no entendía porque Aisha no lo miraba, porque lloraba tan desesperada.
Las emociones propias desbloqueadas en él lo sobrepasaban y no era capaz de discernir nada más.
Solo podía pensar en cómo había tratado a Aisha y que ella no lo merecía.
—Perdóname Aisha, no sé quién me hizo el maleficio que me obligó a olvidarte, supongo que fue fácil bloquear tu recuerdo en mi mente, porque me hacías mucha falta y sufría por no estar contigo, ¿recuerdas que le tenía miedo a la oscurid