ISABELLA RODRÍGUEZ
Imitando a mi patito, me escurrí en el asiento, envuelta en angustia y desesperación. No cabía duda, me había visto Gabriel, ahora pensaría que lo estaba espiando. —¡Patito! ¿Qué se supone que estamos haciendo aquí? ¿Para eso me trajiste? ¿Para empeorar las cosas con tu padre? —Me arrepentí en cuanto vi sus ojos brillosos y esa mueca cargada de tristeza.
—Él guarda una tela de encaje, dice que es tuya… Ha ido a cada uno de tus conciertos e incluso guarda los boletos en un c