Mundo de ficçãoIniciar sessãoGABRIEL SILVA
En cuanto Isabella se fue, no pude evitar descargar mi ira sobre Celeste. Después de ser por años mi adoración, la tomé del brazo y sin importarme que estuviera descalza y usando solo ese camisón de seda tan delgado, la eché a la calle.
Gritó e intentó explicarse, pero mis oídos eran sordos a sus súplicas. Solo pensaba en cada secreto que le oculté a Isabella y en que mi







