ISABELLA RODRÍGUEZ
—¡Guille! —exclamó mi pequeño patito en cuanto vio quien me buscaba en la puerta. Corrió con los brazos abiertos y de inmediato la ama de llaves lo cargó, estrechándolo con ternura.
—¡Mi niño bonito! ¡Qué gusto me da verte de nuevo! —dijo Guillermina llenándolo de besos hasta que me vio—. Señora Silva.
—No vuelvas a llamarme así —pedí en un susurro, viéndola con desconfianza—. ¿Cómo diste conmigo?
—Después de que salió de la casa, decidí seguirla. No podía dejarla sola desp