ISABELLA RODRÍGUEZ
Lo intenté, juro que lo hice, pero el beso no fue agradable, se sentía forzado e insípido. Aunque Daniel había sido de gran ayuda en todo este tiempo, no había podido desarrollar un cariño más profundo hacia él.
—Lo siento… —susurré contra sus labios y cuando me quise alejar, sus manos apresaron mis brazos.
—¿Por qué? —preguntó aún con los ojos cerrados y su frente pegada a la mía—. ¿Por qué una mujer fuerte y con un alma tan grande, desea al hombre que la hirió, pero no al