En la sala, Sebastián se sentó frente a mí con una expresión sombría. Me recosté en los suaves cojines del sofá, hablando con un tono muy casual como si conversáramos despreocupados del clima:
—El día de tu cumpleaños, cuando fui a llevarte comida a la oficina, te escuché quejándote con tus amigos. Dijiste que yo no estaba a tu nivel, que te casaste conmigo solo para molestar a tu tío.
La mano de Sebastián tembló en ese instante mientras sostenía el vaso de agua. Intentó parecer indiferente, aun