Poco tiempo de tranquilidad fue lo que pudo disfrutar este hombre, justo al día siguiente, se levantó con inocencia y abrió las persianas de su habitación esperando que ingresara algo de luz que en efecto ingreso, pero no la del sol sino más bien la de los flashes de las cámaras de los periodistas. Cientos de ellos se encontraban invadiendo propiedad privada allá en la parte de abajo de su ventana a la espera de que este hiciera ese pequeño gesto o en su defecto saliera de su casa, se quedó un