La figura de Asher, el hermano ejemplar que todos admiraban, se recortaba contra las luces tenues de la noche, destacando en un entorno que parecía no estar a la altura de su integridad.
Areu, con la mirada fija en el ceño fruncido de Asher, se debatía internamente entre la lealtad fraternal y la necesidad de no inmiscuirse en los asuntos que no le concernían directamente. La escena era un fuerte contraste con la imagen que solía proyectar, un joven despreocupado que disfrutaba de la vida sin m