CAPITULO 82
El hecho de que ahora su esposa estaba paseando en algún lugar de todo el terreno del castillo Perla con otro hombre, hicieron que Darién se pusiera con los nervios de punta.
En su habitación no podía dejar de pasearse de un lado a otro, no podía mantener la calma y conforme más pasaban los minutos más furioso se ponía, fue cuando el sonido de la puerta se escuchó.
— ¿Quién es? — Preguntó Darién enojado.
— Su majestad, mi Rey me ha pedido que le trajera un poco de té y algunos