—¿que diablos?—
Me hallaba atado a una silla sin la camiseta y mis pantalones rasgados, era un cuarto oscuro y pese a mi cuerpo caliente sentía mucho frío, tenía heridas en mi dorso y desde una pequeña muy pequeña rejilla entraba algo de luz.
Me sentía agotado como si tuve una pelea con diez lobos por lo menos pero salí de mis pensamientos acerca de mi y como me sentía cuando escuché una risa chillona que hacía eco en aquel cuarto y entraba en mi oído volviéndose muy molesta, por alguna razón