Capitulo 29. Las estrellas
Volvió el beso más profundo; y con aquella misma pasión, tomó a la rubia de las caderas elevándola unos centímetros del suelo. Con aquella cintura estrecha en sus manos, caminó hasta una pila de pienso, acomodados específicamente a lo largo. Allí mismo la acostó, mientras que él se acomodaba perfectamente entre sus muslos.
Acaricio el cuello de la rubia con delicadez, y con esa misma mano, descendió hasta la curvatura de sus senos… al sentir la suavidad de ellos, sintió que su corazón revolotea