Diez minutos después, Jenna abrió los ojos lentamente, sintiendo un fuerte y persistente dolor de cabeza.
Cuando sus ojos por fin se habituaron a la luz de la habitación, miró a su alrededor, comprobando que se encontraba en una pequeña enfermería improvisada, con Rachel a su lado, quien la tomaba de la mano con la preocupación grabada en el rostro.
—Jenna, ¿estás bien? ¿Cómo te sientes? —preguntó Rachel con voz suave.
—Me duele la cabeza —respondió Jenna frunciendo el rostro ante una punzada e