Tej.
Sus labios se sintieron como la fruta del pecado, uno que sabía a gloria. Suaves, delicados y dulces.
Mi mente se nubló, encerrándome en el deseo de seguir bebiendo del recipiente del pecado, deleitando mi deseo con ese movimiento tan lento al saborearlo. Nunca fui de besos delicados o suaves, pero ese tenía un no sé qué, algo atrayente que atrapó mi propia cordura ya que no quería soltarla.
Un beso con una mujer que olía a flores, con una mujer que desafiaba mi razón y perturbaba mi mente