Irene.
Los pies dolían al quitarme los zapatos. Demasiado agotamiento adquirido en pocas horas, pero como en todos los clientes que estaban a mi disposición, pude hacer que salieran con una gran sonrisa en el rostro.
Casi todos, porque uno me había puesto las cosas demasiado difíciles desde el inicio. Una tarea que no pude cumplir y ahora resultaba que era a quien esperaba que llegara ya que dijo que tenía algo que hacer con su amigo y colega.
Amarré mi cabello en un moño improvisado,. solté d