Ese verano durante su tercer año de secundaria, había dicho, "Sean Stewart, salgamos. Tú me cuidarás."
El adolescente de camisa blanca giró la cabeza y la miró con sus lúcidos ojos de fénix sin decir una palabra. Luego se dio vuelta y comenzó a caminar. Ella le persiguió y le agarró la mano por la espalda. "Eres tan malo. Es muy fácil cuidarme. ¿No crees que puedes hacerlo?"
Jane Dunn todavía recordaba la respuesta del adolescente.
Había dicho: "No es que no pueda cuidar de ti, pero es porque