Sara era una niña tan encantadora como traviesa. Suelo ser paciente con los niños traviesos, son niños después de todo, pero con aquellos niños que están poniéndome en la situación que Sara lo hace, mi paciencia muere lentamente.
—¡Sara es la última vez que te llamo por las buenas! — la regaño mientras camino acelerada detrás de ella.
A la jovencita se le había ocurrido ir trotando directo al bosque. La hubiese atrapado ya de por sí, si no tuviese a un bebé en los brazos.
—¡Un poquito más y seg