Bruno leyó las noticias furioso. César se había pasado de la raya. Pensó que solo sería esa estúpida publicidad en ropa interior para molestar un rato a Thomas y que después de todo no era tan malo, porque era un trabajo noble y Celeste había recibido una buena paga por ello.
¿Pero pagarle a periodistas de mala muerte para que los persiguieran? Y lo peor de todo, esos artículos que hablaban horrores de la mujer que, aunque él no era quien para defenderla, sabía que no tenía nada que ver con la