Thomas estaba observando en su móvil el carrete de fotos Celeste de su última cita, fotos que él le había sacado desprevenida, justo cuando una llamada entrante de Bruno tapó el rostro de su amada. Puso los ojos en blanco, fastidiado por la interrupción. Levantó la llamada inclinándose en su asiento de cuero, girándose hacia el gran ventanal desde donde disfrutaba las luces nocturnas de la gran ciudad.
-¿Qué?- dijo con fastidio.
-Jefecitooo, ¿Cómo estás?
-¿Que quieres Bruno?-
-Yo estoy bien