-Después de tí- exclamó caballerosamente Danny, abriendo la puerta del restaurante para que Celeste pase delante de él.
La rubia observó el lugar maravillada, era hermoso, con una iluminación cálida y acogedora. Mesas de algarrobo que combinaban con la madera de los techos y las paredes, y hermosos ventanales desde donde se podía apreciar el río que pasaba por el puerto de la ciudad. Claramente era una vista excepcional, reservada para los que podían pagar un lugar como ese.
-¿Hermoso verdad?