-Está bien, es un trato.
Celeste extendió su mano abierta y la acercó al joven, esperando que la estrechara como sello de su contrato sin papel.
Thomas observó la mano y lentamente acercó la suya, pero no la apretó, sino que sus dedos se deslizaron entre los de ella y se entrelazaron. No se atrevió a decir nada en voz alta, sintiendo que sobraban las palabras.
La rubia observó sus manos entrelazadas y como el pulgar del joven acariciaba su piel con cariño. Sintió su corazón latir de la emoci