-Ahhh Thomas- gimió la joven, al sentir sus dedos rozarla por sobre la ropa interior que comenzaba a humedecerse cada vez más- E-estamos en público- dijo cerrando los ojos y sintiendo el rostro rojo y sudado.
-Relájate, él no nos escucha- susurró al oído de su ángel, pasando su lengua húmeda y caliente por su piel hirviendo.
-Si los escucho- protestó Bruno desde el asiento delantero, sintiendo su propio cuello rojo de la vergüenza. Ya hacía calor dentro del coche, quería larzarse por la puert